LA INICIACIÓN, EL MANDIL Y EL PSEUDONIMO DE VOLTAIRE

 

“Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza,pero el hombre también ha procedido así con él”.

Voltaire

Voltaire fue iniciado en la logia parisina “Les Neuf Soeurs” el 7 de abril de 1778, dos meses más o menos antes de su traspaso al Oriente Eterno, el 30 de mayo. En esta iniciación se dieron cita determinadas y curiosas circunstancias, entre las que cabe resaltar, la asistencia de remarcables masones de la época.

En esta fecha, Voltaire se encontraba muy débil y enfermo y en el extracto del Acta de la citada logia que se conserva de tal acontecimiento y que fue consignada en la correspondencia literaria, filosófica y critica de Grimm y Diderot en 1830, se hace resaltar que efectuó su entrada en el templo con la ayuda de dos Hermanos, siendo uno de ellos Benjamín Franklin que se encontraba de viaje en París por aquellos días y el otro Court de Gobelin, insigne patricio francés.

 

 

 

Presidía la tenida como Venerable Maestro por el astrónomo y Director del Observatorio de Paris Jérôme de Lalande entre otros destacados masones y ciudadanos ilustres del mundo intelectual parisino. El abate Cordier de Saint-Firmin fue el encargado de presentar a Voltaire y la logia a petición del sacerdote padrino del profano, decidió que, debido a su edad y débil salud, dispensaba a Voltaire de las pruebas más penosas. Así pues, no le vendaron los ojos, pero una cortina negra le impidió ver el Oriente, hasta el instante que la iniciación fue un hecho consumado.

La Logia “Les Neuf Soeurs” poseía bastantes características especiales que pueden en la actualidad asombrar a más de un Hermano o lector no masón de este articulo. Una de estas peculiaridades -debidamente contrastadas- era la de que además del Abate que lo presentó, conformaban el taller otros doce sacerdotes.

Según el redactado del Acta, Lalande le hizo prestar entonces la obligación; le recibió como aprendiz, siguiendo la costumbre, y le comunicó los signos, palabras y señales de reconocimiento. Una corona de laurel vino a ceñir su cabeza, que el nuevo hermano no quiso guardar, y cuando Lalande se le acercó para colocarle el delantal que decían había pertenecido al filósofo Helvetius, uno de los fundadores de la logia y al parecer recientemente fallecido, el nuevo hermano lo llevó a sus labios, rindiendo así homenaje a su memoria. Este curioso mandil, nunca se lo pudo volver a ceñir ya que como se ha dicho, Voltaire falleció a los pocos días.

Este curioso delantal, que reposa a la vista publica en Paris en el Museo de la Francmasonería del Gran Oriente de Francia, en la Rue Cadet. no lleva las trazas de haber sido el que llevara en su día Helvetius ya que se ha analizado convenientemente y revela las características de una pieza bordada en seda y que como máximo data de principios del siglo XIX, elaborado por la prestigiosa Maison Guérin. Es un delantal del Rito Francés con un bordado azul y una baveta densamente decorada. En esta pieza figuran abundantes reproducciones simbólicas recurrentes del fin de siglo XVIII y principios del XIX, con una imagen de un templo y determinados símbolos como un panal de abejas, una pirámide, el sol y la luna, entre otras.

Después de haber sido colocado Voltaire en el Oriente por el Venerable -lo cual era algo excepcional- Lalande le dirigió un discurso en el que, entre otras muchas frases retóricas, tras aludir a su amistad con Federico II de Prusia, señaló claramente cómo no había sido masón antes, de una forma explícita, si bien lo había sido en espíritu. Estas fueron sus palabras:

«Muy querido hermano, la época más gloriosa para esta logia estará en adelante señalada por el día de vuestra adopción. Hacía falta un Apolo en la logia de Las Nueve Hermanas; ella lo encuentra en un amigo de la humanidad, que reúne todos los títulos de gloria que podía desear para ornato de la Masonería. Un rey del que sois amigo desde hace tiempo, y se ha hecho conocer como el más ilustre protector de nuestra orden debería haberos inspirado el gusto de entrar en ella; pero era a vuestra patria a quien reservabais la satisfacción de iniciaros en nuestros misterios. Tras haber oído los aplausos y sobresaltos de la nación, tras haber visto su entusiasmo y embriaguez, venís a recibir en el templo de la amistad, de la virtud y de las letras, una corona menos brillante, pero igualmente lisonjera tanto para el corazón corno para el espíritu. La emulación que vuestra presencia debe difundir aquí, al dar un nuevo resplandor y una nueva actividad a nuestra logia, repercutirá en provecho de los pobres que ella alivia, de los estudios que patrocina y de todo el bien que no cesa de hacer. ¿Qué ciudadano ha servido mejor a la patria que vos, al ilustrarla sobre sus deberes, y sobre sus verdaderos intereses, al hacer odioso el fanatismo, y la superstición ridícula; al devolver el gusto a sus verdaderas reglas; la historia a su verdadero fin; las leyes a su primigenia integridad?”

Existen varias hipótesis acerca del seudónimo Voltaire. Una versión muy aceptada dice que deriva del apelativo Petit Volontaire que usaban sus familiares para referirse a él de pequeño. No obstante, parece ser que la versión más verosímil es que Voltaire sea el anagrama de «Arouet L(e) J(eune)» (‘Arouet, el joven’), utilizando las mayúsculas latinas.

También existen otras teorías: puede tratarse del nombre de un pequeño feudo que poseía su madre; se ha dicho que puede ser el sintagma verbal que significaba en francés antiguo que él voulait faire taire (‘deseaba hacer callar’, de ahí vol-taire), a causa de su pensamiento innovador, que pueden ser las sílabas de la palabra re-vol-tair (‘revoltoso’) en otro orden. En cualquier caso, es posible que la elección que el joven Arouet adopta, tras su detención en 1717, sea una combinación de más de una de estas hipótesis.

Pocos días después, en la noche del 30 al 31 de mayo, fallecía Voltaire. No obstante, a título póstumo, Les Neuf Soeurs consagraron a Voltaire su sesión del 28 de noviembre de 1778, en el transcurso de la cual debían haberse recibido masones a Diderot, d’Alembert y Condorcet, pero que no se pudo realizar por las protestas de la Iglesia y por presiones políticas.

Cuando ya han transcurrido 242 años de su nacimiento, y en los tiempos que corren, la personalidad y la obra de Voltaire, pese a las incesantes condenas de quienes no han dejado nunca de considerarle un ser pernicioso, continúa ocupando un lugar destacado en la historia de las ideas. Rindamos pues un modesto homenaje a tan Ilustre Masón y recordemos una de sus reflexiones más profundas:

«No estoy de acuerdo con tus ideas, pero defiendo tu sagrado derecho a expresarlas.»

Josep-Lluís Domènech Gómez

Impactos: 96

¿ESPIRITUALIDAD U ORDO AB CHAOS?

La definición de espiritualidad cuando hablamos en términos masónicos, varia de su enunciación estricta. De esta manera si nos referimos a ella sencillamente como acepción, tenemos que, en un sentido amplio, significa o viene a ser la condición espiritual. Y a partir de este punto de partida, podemos encontrar pensamientos que la consideran una dimensión más de la persona, como puede ser la dimensión biológica o la social.

Pero generalmente se tiende a concebirla como una disposición moral, psíquica o cultural de quien tiende a profundizar y a desarrollar las características de su espíritu relativas en su gran mayoría de veces, a una religión determinada. También está relacionada con una explícita y a mi juicio muy cuestionable concepción de la practica de la virtud.

Pero, desde el punto de vista masónico, no tiene porque ser así de esta manera, quizás tan excluyente de variedades y concisa. Uno de los grandes logros de la masonería se basa en que permite a todos los masones, sin distinción de credo religioso, raza o género, poder desarrollar sus libertades individuales, respetando la libertad de pensamiento y las convicciones intimas de cada uno, con un sentido amplio y diverso.

Todas las ideas tienen cabida, desde John Locke, David Hume o Voltaire a modo y talla de ejemplo. Y en función de la libertad de pensamiento, a partir de la fe en el G.A.D.U. los masones y masonas quedamos liberados de incertidumbres o cargas mentales onerosas, ya que no cargamos con el gran avatar y dilema, del suplicio de tener dioses o no tenerlos. Y esta circunstancia nos lleva a la libertad individual de priorizar y elegir.

El masón queda desembarazado, libre de someter su deseo y ansia de ser espiritual con una idea motriz de serlo sin tener una religión por encima de él. De esta manera y forma desde una concepción solamente humana, puede buscarle un sentido práctico a la vida, en la eterna búsqueda de la verdad. Así pues, la espiritualidad será útil desde el punto de vista de una ética humanística totalmente alejada de la necesidad hipotética del más allá, para justificar una razón en el momento de la muerte, en el “memento moris”, y concebirla como una realidad del mundo terrenal para encontrar una manera especial, sana y fructífera de una razón honesta de vivir. Y esta misma cognición de vivir, se convierte en la “Luz del Iniciado”.

La francmasonería ofrece al hombre y a la mujer un método que les permite progresar de manera personal en el plan espiritual y en el colectivo; es decir, en la sociedad en la que viven poder ser participes en el progreso de la humanidad. Y estas posibilidades llegan respetando tan solo una tradición de la que son depositarios. Y esta tradición, comienza en el Siglo de las Luces, que nos permite poder hacer la transición entre un pasado del que somos continuadores y un porvenir aun por llegar, del que tenemos que ser en todo momento y forma transmisores.

Este método nos viene conferido mediante el proceso de la iniciación que, gracias al ritual, a los mitos y a los símbolos, nos acompañarán ya toda en nuestra vida masónica, ya que nos convertimos como iniciados en seres finitos que aspiran a un infinito para dar un sentido a nuestras vidas.

Desde una perspectiva de analogías, ya que estamos hablando de espiritualidad, podríamos decir que si, para el cristiano Cristo es una vía, una condición y un sentido -recordemos “la vía, la Verdad y la Vida” (Juan 14, 6), para el iniciado se trata del sentido que da una vía a la verdad de su vida. Este método es, tiene que ser la ligazón de conceptos que el iniciado necesita para proseguir la obra de construcción que ha comenzado junto con sus hermanos. Ya que, partiendo de la conclusión de que no hay que forzar el concepto de espiritualidad a cosas no terrenales, tendremos que acercarnos a la concepción mental de que:

“El espíritu no es ni una estructura ni una función, es inmaterial con alguna forma de individualidad y dotado de razón. Aquello que pertenece o se relaciona con el espíritu decimos que es espiritual. El amor es el cimiento del espíritu y el cemento de la espiritualidad.”

Y se debe de partir desde esta concepción, para considerar el templo exterior que reúne a los hombres en Fraternidad y en su templo interior que les une a ellos mismos.  Porque los francmasones somos hombres y mujeres con Deberes, mirando de sortear, evitar y luchar en contra de los vicios y de las pasiones, en pos de los valores humanos, como la dignidad, el respeto, el humanismo, la tolerancia y la solidaridad. Pero también de los valores éticos como la búsqueda incesante del perfeccionamiento intelectual y moral de la humanidad, para llegar finalmente a los valores sociales, como la justicia, la equidad, los derechos y los deberes que debemos practicar continuamente. Todo ello nos conduce sin dilación a nuestra divisa: Libertad. Igualdad y Fraternidad.

En el REAA, el francmasón tiene por enseña, elevarse progresivamente hacia la mejora personal desde un punto de vista, desde una concepción de subir 33 peldaños, que no son sino etapas de perfeccionamiento, desterrando prejuicios e ideas preconcebidas para ORDENAR EL CAOS y construir espiritualmente el templo interior.

Saint-Exupéry decía que: “La verdad para el hombre, es lo que le hace ser hombre”, pero también es cierto que el hombre con su conducta (espiritualidad) hace resplandecer la verdad.  Y esta espiritualidad ajena siempre del manto de las religiones es la que nos ayuda a construir nuestro propio templo. En “Los Hermanos Karamazov” puede leerse la afirmación ética: “Si Dios no existiese todo está permitido”: Engañar, robar, matar… ¿Pero puede ser el hombre virtuoso sin Dios? Pues si. La espiritualidad pues, radica a mi modo de entender en que el hombre tiene la necesidad de creer en un absoluto y para nosotros los francmasones, según las diversas convicciones puede ser Dios, El Gran Arquitecto del Universo, o nada si se es agnóstico. De hecho, sea cual sea su credo, deberán tener fe en la Humanidad y en su capacidad de mejora. La espiritualidad es pues también saber escuchar a los demás, saberlos respetar y construir poco a poco, paso a paso una sociedad inscrita en el amor, la sabiduría y la serenidad.

Josep-Lluís Domènech Gómez

 

Impactos: 63