EL ENIGMÁTICO SIMBOLISMO DE LOS GUANTES MASÓNICOS

LOS GUANTES COMO ORIGEN DE LA PUREZA

Cuando en Masonería se habla de los guantes, los tendemos a considerar como un adminiculo más de la vestimenta asociados al mandil. Es el doble atuendo al uso. Sin embargo, si nos adentramos en el concepto más profundo de los recuerdos, visionamos el día de la iniciación y la evocación y reminiscencia de los dos pares de guantes que se nos proporcionó en aquella ocasión: uno para el particular uso y otro para para obsequiar a la persona más amada y digna de recibirlos, según escribe Oswald Wirth, resaltando que Goethe una vez iniciado en Weimar, entregó un par de guantes a Madame Von Stein, remarcándole que aunque el regalo pudiera parecer ínfimo en apariencia, representaba una acción única y remarcable hecha por un masón solamente en una sola ocasión en la vida.

Albert G. Mackey en su poco leída obra “Simbolism of Freemasonry” publicada en New York en 1882, le dedica cerca de siete páginas que son como las rotundas pinceladas de un lienzo del Hermano Rembrandt con su etéreo mensaje subliminal, el del autorretrato ocultando la mano izquierda en el interior de la ropa, dando vigor a los contrastes entre la Luz y la Oscuridad con estas dos características del Arte Real.

Mackey, comenta el uso y costumbre del ceremonial de los guantes primero en Europa y después en los Estados Unidos, e incluso ilustra con más datos esta usanza y símbolo, asociándolo como el salmista a la purificación de la vida, a la expresión inequívoca del corazón límpido de quien los porta, reflejados en las manos puras que representan los guantes blancos:

“El limpio de manos, y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a la vanidad, ni jurado con engaño.” (Salmos 24:4)

Para Thomas Wemyss en su grimorio “Clavis Symbolica”, las manos son atributos de las acciones humanas, por lo que, si están puras, las tareas son también impecablemente inmaculadas y por el contrario las manos impuras son la imagen de la injusticia. Todo ello asociado a la ablución de estas, con la asociación simbólica de su protección mediante los guantes.

UNANIMIDAD SIMBÓLICA EN LOS CLÁSICOS

Pero estas costumbres no eran flor de unos usos de la antigua Anglia, sino que provenían de los clásicos. En un templo de la Isla de Creta, aun se puede leer la inscripción “Limpia tus pies, lava tus manos y después entra.” Como también en el relato de los hechos de Eneas cuando abandonando las hogueras de Troya se negaba a entrar en un templo antes de lavarse las manos. En determinadas traducciones de la Odisea de Homero, Laercio portaba siempre guantes cuando paseaba por su jardín para proteger sus manos de las moras salvajes. También Heródoto los cita en sus relatos, con relación a las andanzas y tretas de Leoticidas. Por otra parte, de las Leyendas Griegas, tenemos una curiosa narración acerca de los avatares de Afrodita, la diosa del amor y la belleza persiguiendo a Adonis en los bosques, que se lastimó las manos con las espinas, siendo auxiliada por las Tres Gracias que, en cuanto oyeron sus lamentos le unieron con esmero y elegancia emanada de la divinidad, unas tiras delgadas y livianas que se adaptaron grácilmente a las manos de la diosa.

COMO SIMBOLO RELIGIOSO

Posteriormente podemos recordar a Poncio Pilatos lavándose las manos para soslayar los puñales de su conciencia, al permitir el deseo de los judíos en crucificar a Jesús. Asociados pues a la pureza de las manos, los guantes desde la mas remota antigüedad y de manera preferente desde la Edad Media, han simbolizado la pureza y la integridad. Motivo por el cual en la iglesia cristiana fueron siempre llevados por los obispos y clérigos muy especialmente durante la ejecución de las labores puramente religiosas. Los denominados guantes litúrgicos constituían parte de los ornamentos que se entregaban a las nuevas dignidades religiosas en el momento de su consagración. Este singular tipo de guantes llevaban en el dorso un bordado de oro que generalmente representaba una cruz, un cordero pascual u otro símbolo especial relacionado con el culto sacro. Por esta razón el ritualista Príncipe Obispo Durandus de Lieja predicaba acerca de la pureza personificada en el porte de los guantes blancos como símbolo de la castidad y pureza, al mantener las manos limpias y libres de las impurezas del mundo.

ESTIRPE DE LA REALEZA Y LA ARISTOCRACIA

Desde el siglo XIII, las damas de la aristocracia comenzaron a poner de moda el uso de guantes como ornamentos de distinción, normalmente fabricados en seda o lino, llegando a tener distintas medidas según la temporada en que se usaban. Pero esta costumbre sobrepasó las cortes reales y llegó al pueblo llano. Así los fabricantes emplearon una gran diversidad de materiales para confeccionarlos, como terciopelo, gamuza, y cabritilla y les dieron curiosas formas, llegando a engalanarse con botones, encajes, perlas y hasta piedras preciosas. Por otra parte, en algunos textos medievales, como el Cantar de Roldan, la figura del guante desempeñó un papel importante, ya que entregar un guante a un hombre, venía a ser lo mismo que confiarle una delicada misión. La realeza adopto también la costumbre de usarlos, y buena prueba de ello resulta el relato de que el rey Enrique II de Inglaterra fuera enterrado con guantes, y se encontraran también en las manos de diversos monarcas ingleses al desenterrar por diversas causas sus restos mortales.

UN REPASO A LOS SIMBOLISTAS

Cirlot en su obra cumbre del Diccionario de los símbolos nos dice que los guantes constituyen el vestido de las manos, y nos habla del guante derecho y la costumbre ceremonial de no llevarlo puesto al aproximarse a una persona de rango superior o a un altar. Por su parte Chevalier especifica que los guantes en Masonería significan símbolo de pureza, y añade que el quitárselos por deferencia ante una personalidad confiere rango y “savoir faire”, aparte de señalar que desde la Edad Media se habían utilizado los guantes, como desafío al ser lanzados a la cara de alguien en particular.

No es de extrañar pues la extrapolación del uso de los guantes en la Masonería, fuera primero Operativa y posteriormente Especulativa como interesada y usufructuaria del puro simbolismo al uso. Se saben ciertos hábitos con seguridad los del mandil, pero siempre nos quedará para posteriores estudios de investigación, si los guantes eran pieza exclusiva de los antiguos talladores de piedra.

Según la tradición masónica, los guantes no son solo símbolos de pureza, sino también objetos ritualísticos imprescindibles. Por otra parte, existe un convencimiento simbólico y una certeza de que los guantes, desprenden un magnetismo real que hace que emane desde la extremidad de los dedos y de las manos enguantadas de blanco un magnetismo benéfico. Así pues, a partir de una asamblea de masones enguantados de blanco, emana una determinada y particular sensación de hado de serenidad, quietud y aplomo.

Daniel Ligou en su Dictionnaire de la Franc-maçonnerie hace hincapié que, en los Altos Grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, se utilizan otro tipo de colores en los guantes masónicos, así pues en el grado 4º o Maestro Secreto son de color negro, en el grado 16º de los Príncipes de Jerusalén son rojos, y en el 21º de los Noaquitas o Caballeros Prusianos, son de color amarillo.

Josep-Lluís Domènech Gómez

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