LEO TAXIL, Radiografia de un Libelo y de la miseria de la Iglesia Católica

EL ADVENIMIENTO DE UN MISERABLE E INTELIGENTE PERIODISTA AL LIBELO

La figura, personalidad y protagonismo en la Masonería de Léo Taxil, de nombre verdadero Gabriel Jogand-Pagès (1854-1907), entra con fuerza a cualquier interesado en el tema de los grandes sucesos y avatares de esta. Léo Taxil -desde ahora siempre le denominaremos así- nace en Marsella y ejerce desde muy temprana edad como periodista en medios republicanos y sensacionalistas, siempre con artículos anticlericales. Con el tiempo editó personalmente un panfleto que disparaba a derecha, izquierda, arriba y abajo contra todo lo que fuera religioso, que atendía al nombre de “La Marotte”. No tardó en ser el blanco de la censura y ser prohibidos sus ejemplares por “atentar contra las buenas costumbres” de la época. El veneno anticlerical que segregaban sus artículos consiguió que le costara una condena de 8 años de cárcel. Al ser hombre rápido de reflejos y acción, decidió fugarse de Francia y no pasar por la cárcel. Estuvo en Suiza un tiempo evitando las mazmorras y pudo volver a su país, beneficiándose de una amnistía general.

Taxil con su literatura anticlerical en 1879 había fundado una Biblioteca Anticlerical cuyos títulos son la muestra declaratoria del veneno de su pluma cuando escogía un enemigo: “Las galanterías de la Biblia”, “La caza de los cuervos (Los curas)”, “El hijo del Jesuita” con un inestimable prologo de Garibaldi,” El manual de los confesores” o “los amores secretos de Pio IX”, finalizando con una blasfema “Vida Secreta de Jesús”. Se trataba pues de atacar sin cuartel a los meapilas de sacristía y a las sotanas grotescas, los abusos sexuales de los confesores y todo lo que quieran ustedes añadirle.

LA MASONERÍA, OBJETIVO UN NEGOCIO FLORECIENTE DE EMBAUCADOR

En 1881 fue recibido como masón. Pero rápidamente fue apartado por variados y continuados escándalos y plagios. A partir de ese momento, viendo que no podía utilizar a la Orden con los fines que el había proyectado para su ascensión social y periodística, se dedicó a la doble tarea de desprestigiar a la Masonería y atacar sibilinamente a la Iglesia Católica, entrando en sus ámbitos. Su plan fue el de abjurar públicamente de su condición de masón y declararse católico, abjurando de sus anteriores escritos y publicaciones antirreligiosas, pornográficas y escandalosas.

Comenzó convirtiéndose en un adversario resuelto y pertinaz de la Masonería con la publicación de un aluvión de libros antimasónicos, -que detallaré más abajo- con el fin de desvelar de una vez por todas los secretos de la Orden con medias verdades e inventos procaces que avivaban a la Iglesia a acercarse a él. Que, con su experiencia anticlerical, inició una tendencia en sus escritos explotando la curiosidad del público con relatos de tendencias ocultistas y de matiz satanista. Aprovechando esta circunstancia comenzó a mezclar estas historias con acusaciones vagas a los masones de los Altos Grados, sugiriendo que la Masonería formaba parte de una extraña, poco accesible y misteriosa organización que el denominaba Paladión o Palladium y que estaba concebida como la mistificación de una religión del Diablo. El Paladión era -según Taxil- una organización fraternal dirigida por la Masonería a nivel mundial, concebida como una religión de Satanás como contraprestación a la Religión Católica con su clerecía, sus santuarios, sus doctrinas, sur rituales, milagros con un mesías que no era otro que el Anticristo. Los relatos difundidos por este hijo del libelo describían de manera recurrente la aparición de demonios que copulaban con humanos, consiguiendo el acercamiento de un publico católico convencido de la sinceridad de sus panfletos difamatorios. Para hacer más creíbles sus cada vez más asombrosas historias, introducía múltiples seudónimos a sus artículos (como Doctor Bataille, Adolphe Ricoux, Diana Vaugham). Por otra parte, realizaba conferencias entre el publico católico con personajes que con nombres cambiados y falsos como Doménico Margiotta, Abel Clarín de la Rive o Leo Meurin, poniendo en escena espectáculos dantescos con graves y falsas acusaciones a la Masonería francesa. Toda esta singular y funambulesca cruzada fue aplaudida por la iglesia después de la publicación con gran éxito de ventas de un verdadero sumidero de mentiras, conjeturas y desviaciones mentales de cientos de artículos periodísticos de ínfima categoría, pero de clara aceptación por parte clerical, a niveles que llegaron hasta el mismo Vaticano.

Decidió además hacer de la masonería un gran y lucrativo negocio. Con ese fin publicó toda una serie de libros antimasónicos. El primero llevaba por título Los Hermanos Tres Puntos. Revelaciones completas sobre la Masonería. En este y en los siguientes libros: El culto del Gran ArquitectoLas Hermanas masonasLa Francmasonería desvelada y explicadaEl Vaticano y los masonesLos asesinatos masónicosLa leyenda de Pío IX masón, etc., puso sobre el tapete las más absurdas patrañas, que acompañaba de pasajes tomados de los verdaderos rituales masónicos.

 

LA BURLA CONTINUADA A LA IGLESIA CATOLICA

El punto culminante del “fraude espectáculo Taxil” alcanzó auténtico vértigo cuando este  y sus amigos hicieron aparecer en escena una criatura femenina, la Palladista Diana Vaugham, que se suponía era hija del demonio Bitrú, y en otro libro de delirios antimasónicos, concretamente “Memorias de una Palladista” contaba cómo fue consagrada a Satán al ser recibida en una logia donde fue posesionada por el diablo Asmodeus. Fue tal la psicosis, que La Civiltà Cattolica, órgano oficioso del Vaticano, elogió a «la noble señora» y a los «otros esforzados combatientes». De todas partes llegaron a Diana Vaugham entusiastas cartas, y como hizo un donativo el cardenal Parocchi, de Roma, para la celebración de un Congreso antimasónico, éste le envió de parte de este a Taxil para que se lo entregara en mano.  En 1896 tuvo lugar en Trento el esperado con gran pasión Congreso Antimasónico. Se reunieron no menos de 36 obispos, 50 delegados episcopales y otros 700 delegados. En el centro del Congreso estuvo el asunto de Diana Vaugham. Pronto se manifestaron dos direcciones opuestas. Por un lado, los alemanes que ya se habían repuesto del embuste de Taxil, y por otro la gran mayoría que estaban de buena fe al lado de Vaugham y Taxil. El mismo Taxil, recibido con grandes aplausos, intervino en el debate, adjudicándose un gran triunfo cuando sacó del bolsillo una «fotografía» de Diana Vaugham, que en realidad nunca había existido.

Todo el engranaje antimasónico que Leo Taxil montó, se inició en 1885, poco después de ser irradiado por la Masonería Francesa y continuó hasta 1897. Como ya se ha dicho, las historias con tintes de fantasía ilusoria aupadas por la iglesia de Roma llegaban a límites de humo literario en el que se describía con soltura y cinismo, la existencia de un Papa Luciferino líder de una Iglesia que se encontraba en Charleston en Virginia, y que este recibía todos los viernes a Lucifer a las tres de la tarde (las 15 horas precisas…) para recibir instrucciones. Esta táctica la desplegaba con maestría Leo Taxil, conocedor de las lecturas que estaban “a la page” en aquellos tiempos y explotando la curiosidad de los lectores conservadores y puritanos. El Papa luciferino en cuestión no era otro Albert Pike que estaba preparando el advenimiento del Anticristo.

Después de todo este dispositivo mediático y periodístico, Taxil representó el Acto Final de “burla esperpéntica” a la Iglesia Católica y a los que habían seguido todos sus libelos confesando públicamente que todo lo explicado acerca de las maldades de la Masonería habían sido tan solo unas mentiras para divertirse. Esta confesión la realizó en público en un notable foro, concretamente en la Sociedad Geográfica de Paris el 19 de Abril de 1897. Ante el asombro general de los presentes dijo: “El Paladión no existe, lo cree yo y ahora me permito el lujo de destruirlo”. Tuvo que salir rápidamente del lugar por una puerta trasera, ya que se produjo una encrespada reacción de los asistentes hacia su persona.

Después de todo este espectáculo, que dejó bien claro el polémico y desafortunado papel de Leo Taxil -insistiré siempre en mi bloc en usar eufemismos- se puede colegir que nunca perdonó su exclusión de miembro de la Masonería, por parte del Grand Orient de France con una bien ganada irradiación, por su onerosa y continuada mala conducta y que se vengó de la Iglesia Católica dejando bien patente los oscuros instintos interesados del Vaticano en desacreditar a la Masonería. Algunos círculos antimasónicos, en especial franceses, resentidos y avergonzados ante el triste desenlace del caso Taxil, intentaron buscar una solución que contrarrestara la impresión causada en los ambientes intelectuales. Entonces dieron un nuevo enfoque a su lucha antimasónica que quedó centrada no ya contra la inexistente masonería satánica, sino contra la masonería política, cultural y social, fundándose una serie de organizaciones antimasónicas como la que patrocinaba la Revista Internacional de las Sociedades Secretas, o la Revista Antimasónica, o Los Cuadernos del Orden.

 

UMBERTO ECO Y SU INTELIGENTE Y CONTUNDENTE DENUNCIA A LEO TAXIL

Un dato de interés y que quizás muchos lectores de este articulo no sepan radica en la resurrección de Leo Taxil en una interesante obra del notable escritor y semiólogo Umberto Eco en el 2010 titulada: “El cementerio de Praga”. Esta publicación que no sentó nada bien a determinados y concretos medios del Vaticano, ambientada en la segunda mitad del siglo XIX relata con el verbo autorizado y culto que caracterizaba a Umberto Eco los diferentes y distintos momentos de la Unificación de Italia con suculentos esbozos de las conspiraciones carbonarias, la temática de los camisas rojas de Garibaldi y aspectos notables y poco conocidos en general de la Tercera Republica francesa y el caso Dreyfus. El tema central de la novela se asienta en denunciar las sucesivas patrañas históricas que han ido surgiendo sobre la muy conocida y al mismo tiempo ignorada Conspiración judeomasonica, a caballo de documentación falsificada, como los Protocolos de los Sabios de Sion, las aberraciones literarias y mentirosas del Abate Barruel y otras indecentes y mentirosas plumas. Evidentemente no podía faltar un capitulo (el 21) dedicado a Leo Taxil. Y en este sentido Eco emplea un conjunto de recursos literarios que le permiten describir y desnudar literaria e históricamente a Taxil, utilizando la multiplicación de la figura del narrador mediante el recurso del desdoblamiento de la personalidad del protagonista (anteriormente usada por el libelista francés a su manera) y reflejando su catadura moral  con hábiles saltos temporales que señalan con esquemático rigor la miseria moral del personaje.

Josep-Lluís Domènech Gómez

 

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