Masonería, Balzac y Dante contra el COVID-19

 

La Masonería de la mano de Dante y de Balzac tiene que ser un lenitivo para nuestra sociedad

A raíz del COVID-19, los sociólogos, antropólogos, consultores y periodistas han empezado a diseñar la etiqueta o término de “pandemiados” en sus escritos, conferencias e intervenciones en radio y televisión. Lo que de seguro será un neologismo que pronto tendrá que ser considerado por los miembros de la Real Academia Española de la Lengua.
Todo ello para explicar o definir las nuevas y complejas situaciones que la pandemia está provocando a nivel global en el contexto de la transformación de usos y costumbres, con una previsión de una incierta, pero de momento esperada y continuada convivencia entre nosotros.
De entre todos estos profesionales, nos llegan diferentes opiniones a tener en cuenta. Desde los que nos dicen que, en el colectivo de los menores de 5 años, esta crisis prevalecerá en su concepción evolutiva de la vida, por los cambios sociales, culturales y educativos, hasta los que profetizan que los “milenials” serán los más afectados en sus hábitos y costumbres, por ser la fuerza laboral más importante en la mayoría de los países cara a los próximos años.
Para nosotros, como Masones, que formamos parte del variado abanico de profesionales, además del cada vez mayor núcleo o sector de los jubilados que merced a los progresos médicos gozamos de los beneficios de la longevidad, esta situación que “YA NO ES NUEVA”, (casi diez meses) nos tendría que haber servido para resituar también nuestra concepción de vida.

 


Bien es cierto que, a nivel general en todos los Orientes, con mayor o menor proliferación, parafraseamos con el ejemplo, las virtudes del teletrabajo profano que aun globalmente no se había llegado a explotar, y nutrimos nuestras ansias de estar juntos y trabajar simbólicamente, mediante los encuentros fraternales telemáticos.
Desde los participios de las primeras consideraciones y advertencias, de que estos “obligados contactos a través de una fría pantalla” nunca debían ser considerados como una Tenida asistencial, y que rápidamente quedaron consensuados, también entramos en las vías antes expuestas de convertirnos en personajes de “la Comedia Humana” que conforman los profanos, cual protagonistas modernos de aquel inmortal y monumental proyecto literario de Honoré de Balzac.
Y es que, en esta pandemia del siglo XXI, afloran de ella unas concepciones de la vida y unas realidades, que quizás de diferente manera nos dejó escrito y narrado este gran escritor francés.
Balzac a su manera quiso aproximar a Dante a sus contemporáneos referenciando “La Divina Comedia” desde postulados más humanísticos y realísticos y por esta razón tituló su obra “Comedia” en vez de “Divina”. Y de esta manera situó sus personajes en un mundo real (distintos lugares de Francia) y no en la orbita ficticia del gran poeta florentino (Cielo, Infierno).
Me he permitido la licencia de hacer esta analogía confrontando nuestra actual pandemia con el mundo, con el universo de Balzac. Ya que en sus historias y relatos practicó el genero literario del más puro realismo condicionando a sus personajes a los rigores o excelencias de las variaciones de fortuna.
Este rigor necesario que nos está impidiendo en nuestras “debilitadas” primeras Tenidas presenciales tener que prescindir de nuestros abrazos y besos fraternales en aras de modificar nuestra manera de relacionarnos. La severidad que nos impide poder apreciar gran parte de las expresiones faciales detrás de las mascarillas protectoras.
Pero tenemos que luchar desde los estadios de nuestra solidaridad y fraternidad, para ser adalides y representantes de la esperanza frente a la incertidumbre sanitaria, social y económica a la que estamos sometidos.
Por otra parte, de la mano de un nuevo vocabulario que se está expandiendo entre todos nosotros: “reducir la curva, confinamiento, nueva normalidad, distanciamiento social…”, también debemos difundir que hemos mejorado en la concepción de nuevas habilidades y sensibilidades a la hora de velar por la salud, de valorar a los amigos, de preocuparnos por su salud y sus vulnerabilidades, del contacto más continuo entre las logias y la seguridad de los Hermanos y Hermanas de las mismas.
Tenemos que lograr que esta “flexibilidad impuesta” no sea negativa sino positiva, que nos haga más diestros en la comunicación digital, pero evitar en todo momento que esta situación excepcional no nos haga caer en aislamiento y la despersonalización y que vaya en detrimento de nuestra conciencia de grupo de Masones comprometidos ahora más que nunca, en aras del mejoramiento general de la Humanidad.
Y como punto final apelar a la fraternidad masónica de las logias. Es posible que un significativo numero de Hermanos y Hermanas vean afectadas sus economías por los efectos de la pandemia.
Hagamos pues como Dante, que siguiendo el esquema clásico no permitió que todo fuera una tragedia y conseguir un final feliz, victorioso sobre estas lacras que se nos han venido encima.

Josep-Lluís Domènech Gómez

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