¿Es la Estatua de la Libertad de Nueva York un monumento de la Masonería?

Frédéric-Auguste Bartholdi un escultor y masón del Grand Orient de France

Para hablar de este tema, es necesario primero llegar a la figura eminente de un patriota francés que formó parte de una generación profundamente marcada por la derrota de Francia en la guerra de 1870, en la que su región natal fue anexada por Prusia. Estamos hablando de Frédéric-Auguste Bartholdi (1834-1904) originario de una familia protestante de la ciudad de Colmar en Alsacia. A la edad de 36 años posteriormente de la declaración de guerra, Bartholdi ingresa en la Garde Nationale, y en su rol en ella participa en la defensa de Colmar. Después de la caída de su ciudad, por circunstancias del destino, llega a ser Ayuda de Campo de Garibaldi, celebre y destacado francmasón, que se había incorporado a luchar con Francia. Un año después, el 10 de mayo de 1871 contempla como en la firma del Tratado de Versalles, se ratifica que las provincias francesas de Alsacia y Lorena pasan a integrarse a Prusia. Como ciudadano, patriota y comprometido con el fervor a la Libertad, orientará su vida profesional a partir de sus estudios en arquitectura y sus aficiones a la pintura, al oficio de la escultura. Después de dejar su ciudad natal, se instala con su madre y su hermano en Paris. Inicia sus primeros pasos como escultor de la mano de Soitoux, después de David d´Angers hasta convertirse poco a poco en reputado profesional de la escultura. Sus primeros trabajos son una estatua del General Rapp héroe de Dantzig en su villa natal, y una obra majestuosa del Lion de Belfort en 1880, que posteriormente le sirve para tallar una replica de la misma en Paris en la Place Denfert-Rochereau.

 

 

 

Ingresa en la Masonería el 14 de octubre de 1875 siendo iniciado en la Logia Alsace-Lorraine del Gran Orient de France. Una logia surgida el 6 de septiembre de 1872 a partir de escritores francmasones fuertemente comprometidos en un profundo patriotismo como Alexandre Chatrian, Emile Erkmann y un conjunto de hombres celebres como Edmond Valentin prefecto del Bajo-Rhin, el ministro francés Jules Ferry y el Premio Nobel de la Paz, el militar Joseph Joffre. Cinco años después el 9 de diciembre de 1880 pasa a la vez a Compañero y Maestro. Nunca dejará de estar estrechamente ligado a su Logia Madre hasta su muerte. Sus trabajos escultóricos prosiguen con éxito y le permiten rendir culto con diversas estatuas a otros francmasones celebres: Diderot en Langres, otro a Lafayette y Washington en Paris, y entre muchos más el que le hace entrar en el carrusel de la fama: La estatua de la Libertad en Nueva York.

La Estatua de la Libertad al sur de Manhattan símbolo Masónico

Esta estatua se levanta orgullosa y singular como anfitriona de una ciudad como Nueva York que enviaba un simbólico mensaje de Luz y de Libertad, a todos los visitantes o inmigrantes que llegaban por barco después de una larga travesía. Sin embargo, el proyecto original de dicha efigie y representación surgió a raíz de las fiestas de la conmemoración del Centenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. Y a raíz de ello el pueblo francés quiso contribuir con un regalo de excepción: la Estatua de la Libertad. Que venía a testimoniar la amistad francoamericana basada ideológicamente por los dos países en su amor a la Libertad. Se dijo que la inspiración de tal imagen a Bartholdi le venia del recuerdo de un triste suceso acaecido en plena guerra, en que una mujer luchadora por las libertades patrias francesas se mezcló con los soldados en las trincheras, y saliendo de entre unas barricadas con una antorcha en la mano arengó a tropas con un grito patrio, antes de caer acribillada: “Vamos, Adelante, con Honor y Valentía (Courage)”.

La estatua configura la imagen de una mujer vestida con un ropaje largo, de pie y llevando en la mano derecha una antorcha y en la mano izquierda una tableta en forma de libro, que lleva inscrito en cifras romanas la fecha de la independencia de los Estados Unidos. Esta tableta-libro nos recuerda la importancia del Derecho y la Ley, como fundamento de todo estado democrático. La antorcha nos evoca “la luz de la conciencia” que es la que simbólicamente ilumina a la vista general. La diadema que lleva la mujer en la cabeza en el proyecto inicial solamente tenia cinco rayos direccionales, en los que el escultor quería simbolizar los cinco continentes, pero en la realización definitiva se representaron siete rayos finalmente. Este cambio de números del cinco al siete, al parecer va ligado a la progresión masónica de Bartholdi. Para él la forma solar de la diadema evoca la de Helios como dios del sol en la antigüedad, tal como está representado en un sarcófago romano. Por otra parte, al pie de la estatua, están diseñadas una conjunción de cadenas rotas, que vienen a simbolizar la liberación de todos los pueblos de la tierra. Y la imagen esta orientada hacia el este, hacia Europa, en recuerdo de los orígenes de los fundadores de los Estados Unidos.

Otro dato significativamente masónico de la estatua es que en su armadura totalmente de hierro, ya que necesitaba una solida conjunción de esta, finalmente se construyó en acero para poder resistir todas las duras intemperies posibles del lugar y el encargado de este trabajo fue el ingeniero Gustave Eiffel, también masón que realizó la arquitectura interna del monumento.

 

 

La financiación francoamericana de la estatua

Toda la financiación fue en sí muy onerosa, y de hecho la estatua no se pudo terminar sino después de un significativo retraso y de una serie interminable de peripecias financieras, ya que su coste rebasó muy evidentemente todas las previsiones que se habían elaborado al respecto. Fue necesario un periodo de cinco años de colecta popular en Francia para lograr la cantidad necesaria de fondos. El trato era que Francia se hacia cargo de la realización de la obra de arte en sí y los EEUU financiaban la edificación de la estatua y su pedestal que tenía que elevarse a cincuenta metros del suelo. La financiación por parte norteamericana se hizo fruto a el “crowfunding” masivo, o “Tronco de la Viuda” de las logias masónicas americanas, que donaron cantidades muy importantes de dinero y el periódico The World se encargó de dar publicidad al evento y de lanzar continuados artículos a la opinión publica americana desde sus paginas a la búsqueda de donaciones privadas. En Francia se logró la cifra de más de cien mil suscriptores. La colecta en Francia se dividió en diversos colectivos y organismos nacionales, de entre los que se destacó el Grand Orient de France, los Consejos Generales, las Cámaras de Comercio y una ingente cantidad de ciudades francesas.

Dos planchas masónicas de Bartholdi leídas en su logia certifican el proyecto masónico de la estatua

Bartholdi reflejó en dos planchas plenas de simbolismo en aras de la Libertad todo su enorme trabajo y dedicación a este singular proyecto. En su primera plancha describió la historia y los procedimientos empleados para la realización de la estatua. En la posterior plancha después de su vuelta de los EEUU, hizo singular hincapié a todos sus Hermanos del entusiasmo de los americanos en aquella su obra monumental.

El 4 de julio de 1884, estando la estatua ya finalizada, se envió a las autoridades americanas en la conmemoración de su fiesta nacional. Se encargó de ello el Presidente de la Republica Francesa Jules Grévy, francmasón de la logia La constante amitié de Arras del Grand Orient de France.

La inauguración propiamente dicha del monumento tuvo lugar el 26 de octubre de 1886, es decir 10 años después de la fecha del Centenario de la Independencia de los EEUU. La ceremonia contó con la presencia del Presidente Grover Cleveland que aprovechó la circunstancia para otorgarle personalmente a Bartholdi la distinción de “Ciudadano de Honor de EEUU” que es una nominación que solamente se acostumbra a conceder a ciudadanos americanos. Un año después la colonia americana de Paris, ofreció una replica pequeña de la estatua que se instaló muy cerca del Pont de la Grenelle en Paris, cerca del Sena.

Potentes símbolos masónicos de la Estatua de la Libertad

El número siete en la Estatua de la Libertad

  1. Los siete picos de la corona pueden significar los siete océanos -Ártico, Antártico, Pacífico Norte, Pacífico, Atlántico, pero también el numero de los Maestros Masones. Pero este numero se repite con machacante intensidad:
  2. Las ventanas de la cabecera suman en total 25, esto es 2+5=7
  3. Las hojas alrededor de la antorcha son 16, o 1+6=7
  4.  La base sobre la que se asienta la estatua tiene 16 columnas griegas, esto es 1+6=7.
  5. El monumento mide desde la base al final de la antorcha 151 pies. 1+5+1=7

 Y por otra parte:

1.- El brazo derecho de la Estatua nos evoca la “Difusión de la Luz”. 2.- También este brazo en su posición vertical simboliza los lazos entre el cielo y la tierra. 3.- En su brazo izquierdo porta la tablilla en que está inscrita la fecha de la Independencia, al no poder ser vista esta data, significa que la Libertad es un valor universal e intemporal. 4.- Su base piramidal comporta tres niveles correspondientes a los 3 grados masónicos. 5.- La “suscripción popular fue hecha por las logias masónicas francesas y norteamericanas, fue un gran “Tronco de la Viuda”. 6.- Bartholdi y Eiffel eran masones.

Esta obra original en sí se podría circunscribir en la línea que inspiraron los antiguos masones operativos en la construcción de catedrales que tienen que resistir el embate de los siglos. Su obra, la magnitud de esta desdibuja al artista, ya que como francmasón no busca la fama sino el tributo al símbolo del “Trabajo y la libertad” que son símbolos masónicos (y que era lo que los inmigrantes antes de ser confinados temporalmente en la contigua Isla de Ellis arribaban buscando con anhelo).

Bartholdi. Dejó al mundo un mensaje, aportando la “piedra trabajada” como masón en la construcción del “Templo de la Libertad” dejando una “Llave” (también símbolo masónico) para quien supiera utilizarla. Se puede considerar a Bartholdi, como un potente, histórico y simbólico “Mazo Masónico” que pervivirá en el tiempo, como representante de la Masonería Universal.

Josep-Lluís Domènech Gómez

 

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