¿ESPIRITUALIDAD U ORDO AB CHAOS?

La definición de espiritualidad cuando hablamos en términos masónicos, varia de su enunciación estricta. De esta manera si nos referimos a ella sencillamente como acepción, tenemos que, en un sentido amplio, significa o viene a ser la condición espiritual. Y a partir de este punto de partida, podemos encontrar pensamientos que la consideran una dimensión más de la persona, como puede ser la dimensión biológica o la social.

Pero generalmente se tiende a concebirla como una disposición moral, psíquica o cultural de quien tiende a profundizar y a desarrollar las características de su espíritu relativas en su gran mayoría de veces, a una religión determinada. También está relacionada con una explícita y a mi juicio muy cuestionable concepción de la practica de la virtud.

Pero, desde el punto de vista masónico, no tiene porque ser así de esta manera, quizás tan excluyente de variedades y concisa. Uno de los grandes logros de la masonería se basa en que permite a todos los masones, sin distinción de credo religioso, raza o género, poder desarrollar sus libertades individuales, respetando la libertad de pensamiento y las convicciones intimas de cada uno, con un sentido amplio y diverso.

Todas las ideas tienen cabida, desde John Locke, David Hume o Voltaire a modo y talla de ejemplo. Y en función de la libertad de pensamiento, a partir de la fe en el G.A.D.U. los masones y masonas quedamos liberados de incertidumbres o cargas mentales onerosas, ya que no cargamos con el gran avatar y dilema, del suplicio de tener dioses o no tenerlos. Y esta circunstancia nos lleva a la libertad individual de priorizar y elegir.

El masón queda desembarazado, libre de someter su deseo y ansia de ser espiritual con una idea motriz de serlo sin tener una religión por encima de él. De esta manera y forma desde una concepción solamente humana, puede buscarle un sentido práctico a la vida, en la eterna búsqueda de la verdad. Así pues, la espiritualidad será útil desde el punto de vista de una ética humanística totalmente alejada de la necesidad hipotética del más allá, para justificar una razón en el momento de la muerte, en el “memento moris”, y concebirla como una realidad del mundo terrenal para encontrar una manera especial, sana y fructífera de una razón honesta de vivir. Y esta misma cognición de vivir, se convierte en la “Luz del Iniciado”.

La francmasonería ofrece al hombre y a la mujer un método que les permite progresar de manera personal en el plan espiritual y en el colectivo; es decir, en la sociedad en la que viven poder ser participes en el progreso de la humanidad. Y estas posibilidades llegan respetando tan solo una tradición de la que son depositarios. Y esta tradición, comienza en el Siglo de las Luces, que nos permite poder hacer la transición entre un pasado del que somos continuadores y un porvenir aun por llegar, del que tenemos que ser en todo momento y forma transmisores.

Este método nos viene conferido mediante el proceso de la iniciación que, gracias al ritual, a los mitos y a los símbolos, nos acompañarán ya toda en nuestra vida masónica, ya que nos convertimos como iniciados en seres finitos que aspiran a un infinito para dar un sentido a nuestras vidas.

Desde una perspectiva de analogías, ya que estamos hablando de espiritualidad, podríamos decir que si, para el cristiano Cristo es una vía, una condición y un sentido -recordemos “la vía, la Verdad y la Vida” (Juan 14, 6), para el iniciado se trata del sentido que da una vía a la verdad de su vida. Este método es, tiene que ser la ligazón de conceptos que el iniciado necesita para proseguir la obra de construcción que ha comenzado junto con sus hermanos. Ya que, partiendo de la conclusión de que no hay que forzar el concepto de espiritualidad a cosas no terrenales, tendremos que acercarnos a la concepción mental de que:

“El espíritu no es ni una estructura ni una función, es inmaterial con alguna forma de individualidad y dotado de razón. Aquello que pertenece o se relaciona con el espíritu decimos que es espiritual. El amor es el cimiento del espíritu y el cemento de la espiritualidad.”

Y se debe de partir desde esta concepción, para considerar el templo exterior que reúne a los hombres en Fraternidad y en su templo interior que les une a ellos mismos.  Porque los francmasones somos hombres y mujeres con Deberes, mirando de sortear, evitar y luchar en contra de los vicios y de las pasiones, en pos de los valores humanos, como la dignidad, el respeto, el humanismo, la tolerancia y la solidaridad. Pero también de los valores éticos como la búsqueda incesante del perfeccionamiento intelectual y moral de la humanidad, para llegar finalmente a los valores sociales, como la justicia, la equidad, los derechos y los deberes que debemos practicar continuamente. Todo ello nos conduce sin dilación a nuestra divisa: Libertad. Igualdad y Fraternidad.

En el REAA, el francmasón tiene por enseña, elevarse progresivamente hacia la mejora personal desde un punto de vista, desde una concepción de subir 33 peldaños, que no son sino etapas de perfeccionamiento, desterrando prejuicios e ideas preconcebidas para ORDENAR EL CAOS y construir espiritualmente el templo interior.

Saint-Exupéry decía que: “La verdad para el hombre, es lo que le hace ser hombre”, pero también es cierto que el hombre con su conducta (espiritualidad) hace resplandecer la verdad.  Y esta espiritualidad ajena siempre del manto de las religiones es la que nos ayuda a construir nuestro propio templo. En “Los Hermanos Karamazov” puede leerse la afirmación ética: “Si Dios no existiese todo está permitido”: Engañar, robar, matar… ¿Pero puede ser el hombre virtuoso sin Dios? Pues si. La espiritualidad pues, radica a mi modo de entender en que el hombre tiene la necesidad de creer en un absoluto y para nosotros los francmasones, según las diversas convicciones puede ser Dios, El Gran Arquitecto del Universo, o nada si se es agnóstico. De hecho, sea cual sea su credo, deberán tener fe en la Humanidad y en su capacidad de mejora. La espiritualidad es pues también saber escuchar a los demás, saberlos respetar y construir poco a poco, paso a paso una sociedad inscrita en el amor, la sabiduría y la serenidad.

Josep-Lluís Domènech Gómez

 

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El misticismo masónico

OBSERVACIONES Y CONSIDERACIONES AL RESPECTO 

 

 

La masonería universal tiene en grado sumo, condición y naturaleza de espiritual, distinguiendo la espiritualidad de sus miembros y la propia que dimana de sus diversos rituales. El colectivo masónico es muy heterogéneo y cada masón hace su aportación a la vasija etérea anímica que se puede considerar de ámbito espiritual.

Los rituales integran y transforman a los masones; la espiritualidad colectiva, si pudiera medirse, es mayor que la individual y así la masonería es con el fuego del apego, como un crisol que mejora, con el incentivo de la fraternidad, los espíritus de sus miembros, a manera de la turba alquímica.

La espiritualidad está vinculada a la creencia en un se superior, en un Dios. De hecho, es simplemente la capacidad del hombre de usar su mente para estar al corriente de su mundo y conocerse a sí mismo, y es la forma misma de expresión de su especie en el contexto de la Evolución, lo que lo hace específico: Y llegamos a un concepto extraordinario y a la vez simple: la capacidad de pensar.

A partir del principio de las religiones, el enfoque simplemente humano de la espiritualidad rastrea concienzudamente un sentido en la vida; y para cada hombre, una manera diferente en la búsqueda de la verdad, de su verdad. Una verdad que ya no se revela, pero que queda por descubrir por completo. Aquí, desde este punto empieza un trabajo iniciático que en realidad ya nunca terminará.

Por lo tanto, se presenta como una ética humanista que, lejos de invocar un hipotético más allá para justificar una razón para morir, profundiza la realidad de este mundo para encontrar una razón para vivir en él. Y este talento armonioso para vivir y continuar aprendiendo, se convierte en la luz del iniciado.

La masonería ofrece al hombre un método, el Método Masónico que le permite progresar, personalmente en el nivel espiritual y colectivamente en su participación en el progreso de la humanidad, desde el trabajo en las logias y su estudio personal que desemboca en la creación de planchas que compartirá con sus hermanos de taller.

Mientras respeta una tradición de la cual él es el custodio, la que comienza con la Era de la Iluminación, él sabe cómo integrar las “luces” de su época, para hacer la transición entre un pasado del cual él es el continuador y un futuro para construir del cual será El transmisor. Y así sucesivamente a lo largo de los días, los meses, los años, las décadas, las centurias.

Este método le llega por iniciación que, gracias a rituales, mitos y símbolos, lo acompaña en el camino de la perfección y se supera a sí mismo: el iniciado es un ser finito que aspira a un infinito para dar un sentido de su destino.

Desde una perspectiva analógica, podríamos decir que si el Cristiano tiene sentido ya que él es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14, 6), en palabras de la Biblia, para el iniciado, es el significado lo que le da un camino a la verdad de su existencia. Un eslabón en una cadena que lo vincula con sus predecesores, es la cadena de transmisión con aquellos que continuarán el trabajo de construcción que emprende con sus hermanos. Pero al principio entra a formar parte de un colectivo con unas ideas determinadas que aun necesita encauzar.

¿Pero de que labor se trata? Pues en realidad a partir del templo exterior que une a los hombres en afinidades colectivas en las logias y desde el templo interior o personalidad propia, que lo une a sí mismo cada vez más en su singladura masónica.

El masón es un hombre de deber, de principios: necesita huir de los vicios y las pasiones, defiende los valores que dan sentido a su enfoque: valores humanos (dignidad, respeto, humanismo, tolerancia, solidaridad), valores éticos (la búsqueda del significado, la pesquisa de la verdad, la mejora individual y el progreso intelectual y moral de la humanidad), los valores sociales (justicia, equidad, derechos y deberes), valores republicanos (libertad, igualdad, fraternidad), y también valores ontológicos sobre el respeto a la vida.

El hombre necesita en todo momento creer en un absoluto: para el masón, según sus convicciones, será Dios, el Gran Arquitecto del Universo … o nada, si es agnóstico ya que no contemplo personalmente el calificativo de ateo. Incluso los que se consideran ateos creen en algo. De hecho, sea cual sea su creencia, siempre tendrá fe en el hombre y en su capacidad para mejorar. Para guiarlo, trabajará para perfeccionarse siguiendo el ejemplo y las enseñanzas de ilustres predecesores que la historia inexcusable ha dejado de modelo y patrón.

De esta manera, construirá su destino al elevar su conciencia al escuchar a los demás, y respetar sus ideas. A partir de ese momento, podrá reclamar un ideal acorde con su estilo de vida y sus aspiraciones, porque su voluntad de “conectarse” con sus semejantes será parte del amor, la sabiduría y la serenidad. El amor fraternal es de hecho una ascesis espiritual, tanto personal como colectiva. Gracias a la práctica del rito, el masón se transforma al transformar su mirada en los seres y el mundo que lo rodea. De hecho, ordena el caos que está en sí mismo.

En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, tenemos la expresión Ordo ab chao, el Masón se eleva gradualmente hacia un mayor conocimiento espiritual, en treinta y tres grados, que son tantas etapas de mejora. Comienza por liberarse de los prejuicios y recibe ideas para ordenar el caos que hay en él y construir su templo interior.

Para luchar por la perfección que busca, debe ser celoso e introducir equilibrio en sus juicios. La práctica de las virtudes lo lleva por el camino de su verdad que le permitirá convertirse en un “hombre verdadero”, porque habrá encontrado en la humildad la inteligencia del corazón que ilumina la razón de su espíritu. Finalmente comprenderá que la verdad no está en saber las cosas, sino que el conocimiento está en la experiencia de los seres.

Los Masones se reúnen y trabajan en Logias, que son la unidad constitutiva de la Masonería con asistencia regular y solvencia para cubrir los gastos de las herramientas u obras. La Logia es autónoma en todos sus asuntos. En la Logia, la vida se desarrolla en forma grupal y se convive con personas de diferentes pareceres, religiones, distintas espiritualidades y costumbres. Allí maduran su sentido de la Tolerancia y de la Fraternidad, la Universalidad de sus objetivos, la gentileza y el buen trato y el desarrollo de su personalidad, de acuerdo con los requerimientos de colaboración, fidelidad y respeto mutuo. En este marco debe comprenderse una Espiritualidad Masónica, no solo en la libertad para ser, pensar, creer y crear cada hermano, de acuerdo con su propia conciencia. En su desarrollo, adquirirá una espiritualidad específica centrada en la construcción del Ser y la Humanidad que sirva a todos, sin diferencias.

Josep-Lluís Domènech Gómez

 

 

 

 

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